CUENTOS Y RELATOS DE NOCHEBUENA

CUENTOS Y RELATOS DE NOCHEBUENA
Por: Oscar Seidel
OBSESIÒN
Era tarde, no había nadie en el taller con excepción del carpintero y su mujer, quien se hallaba lavando unas lentejas en la cocina. El invierno era intenso. La mujer de cabellos negros y largos, llevaba puesta con sobriedad una túnica azul de lana.
El hombre la observaba inquieto:
— ¿Y, bien? dijo Yusuf. ¿Qué has pensado?
—No, dijo Marién. No puedo hacerlo.
— ¿Quieres decir, que no lo deseas?
—Sólo quiero decir que no puedo.
— ¡No quieres! No debes arreglarlo todo a tu manera.
—No arreglo las cosas como quiero. ¡Por Yavè que lo haría! ¡Entiende, por favor!
— ¡Te voy a quitar la inocencia!
—Por favor, no lo hagas.
—Lo voy a hacer ¡Por Yavè que lo voy a hacer!
Ella lo miró con firmeza:
—No es mi culpa, es Yavè quien ha decidido que la concepción del niño será la noche del 24 por obra y gracia suya.
UNO TRAS OTRO FUERON CAYENDO
Como un demente, el único policía del caserío de La Barra, asesinó a una veintena de cochinos. Los habitantes, sorprendidos, vieron como fueron cayendo uno tras otro con un tiro en la cabeza, disparado desde la vieja carabina Winchester 30-30 modelo 1894 de seis cartuchos que decomisaron hace años a un turista gringo, y que el policía fue recargando y apretando el gatillo hasta casi agotar cinco cajas de municiones. El inspector de policia había dado la orden de acabar con todos los cochinos del lugar, porque no aguantó más el asqueroso olor que emanaban. Nunca esperó que fuese cumplida por el agente del orden con tanta vehemencia. Durante la matanza los pobladores no pudieron hacer nada. Quedaron impresionados al poco tiempo cuando se percataron de la decisión del juez municipal (a quien le había llegado la queja del grupo de hippies asentado en la playa) que obligaba al inspector a desapartarse del cargo por su arbitrariedad. La tranquilidad del lugar no iba a durar mucho, hasta la noche que el policía borracho mató los dos últimos puercos, que a la postre eran propiedad del inspector, y que los tenia ocultos para la lechona de Navidad. Aquella mañana, fue encontrada la carabina perdida, con el cargador y la recámara vacíos. Las dos últimas balas habían sido impactadas cada una en las cabezas del inspector y del policía, gracias a la acción del sucio y drogadicto hippy de La Barra, en retaliación por la marranada cometida, y previendo una futura redada contra ellos.
SANGRE
Con sevicia metió el cuchillo al cuerpo desnudo, cortó cabeza y corazón, y sacó las vísceras. Miró con morbo por si faltaba un órgano más para extirparlo. Luego cogió el cuerpo inerme, lo expuso al fuego a temperatura de 150 grados centígrados, dejó pasar tres horas y exclamó a su mujer: “Ya está listo el pavo para la cena de Navidad”.

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