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EL PACÍFICO FUTBOLERO. Publicado por El Magazín El Espectador


EL PACÍFICO FUTBOLERO. Publicado por El Magazín El Espectador

Escrito por oscarseidel 13-07-2016

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EL PACÍFICO FUTBOLERO

Por: elmagazin

Por: Oscar Seidel

Forma parte de la idiosincrasia de la región. Por muchos años ha sido la panacea a la melancolía de los domingos sin mar. Quien no haya calzado un par de guayos y pateado un balón, puede considerarse del grupo selectivo de los que no tuvieron infancia. El fútbol en el Pacífico ha servido de aliciente para muchas alegrías y sinsabores.
El primer jugador profesional fue el tumaqueño Payán quien estuvo en un equipo en Suiza. Luego siguió Elpidio Hernández oriundo de Mosquera, quien tuvo la oportunidad de alternar el arco de Millonarios con el inmortal Julio Cozzi y con su gran amigo Gabriel Ochoa Uribe. Fue leyenda en ese tiempo la famosa estirada de Elpidio en el estadio El Campín apodada la “del pez volador”. Muchos años después pude conocerlo en la casa de mi tío, y me precisó que ese fue un cuento levantado por los paisanos que estudiaban en la universidad en Bogotá.
En el campo aficionado brilló el Chombo Obando en la selección Nariño, por la época de los años cincuenta. Fue inventor del “ocho criollo”. Podía hacer la “treinta y una” tres veces más que los otros compañeros sin dejar caer el esférico, que en ese entonces no era tan redondo por el picacho que tenía el bledy para inflarlo. Para los años sesenta se destacó en Tumaco Cesar “La Boncha” Diaz, un virtuoso del balón, quien no aceptó jugar en el fútbol profesional por querer estudiar en la universidad -anhelo que no pudo cumplir nunca.-.
Por los lados de Buenaventura era grande la fama de Ingelman Benítez “Pitihaya”, jugador que se especializó en ganarle todos los clásicos a la selección Tumaco. Después saldrían Delio “Maravilla” Gamboa, y Marino Klinger en la selección Valle entrenada por el húngaro Horst. De allí pasaron a Millonarios, donde conformaron la dupla más temible del balompié nacional.
Tuvieron por mucho tiempo primacía en el fútbol profesional los porteños. Todavía recuerdan sus gambetas, piques, atajadas y taponazos. Cómo no evocar a Nicolás Lobatón en Millonarios; Achito Vivas en la portería del Pereira; los hermanos Víctor y Teófilo Campaz en Santa Fe y Nacional; Gilberto Cuero y Riascos en  América, y Leónidas Hurtado en Bucaramanga.
De Tumaco fueron pioneros Luis Bolaños y Egidio Hinestroza en  Quindío; Tuto Chávez en América, y Migdonio Aguirre en Tolima.
Tendría que rodar muchas veces el balón, para que aparecieran en el firmamento futbolero Domingo “Tumaco” González y Leider Calimenio Preciado en Santa Fe; Wellington Ortiz y Carlos Rendón en Millonarios; Eladio Vásquez en Medellín,y Jorge Ortiz en Nacional, verdaderos cracks que vistieron la camiseta de la Selección Colombia, hasta llegar a 1990 con la presencia de Freddy Rincón y Enrique “La Gambeta” Estrada, jugadores que dejaron en alto los colores del Pacifico en el  mundial de Italia, y quienes nos hicieron recordar los legendarios partidos en los areneros de Baraya y San Judas.
¿Será posible descifrar el esquema o clase de juego que practicamos en esta región? Existe mucha afinidad con el “juego bonito” del brasileño, por la picardía y espontaneidad para armar jugadas y anotar goles. Lo curioso de esto es que en la mitad del siglo XX no existía el televisor para poder ver su juego y emular sus acciones, y los barcos del Brasil por estos lados no llegaban. Más bien si lo hicieron los marinos ingleses, quienes se bajaban de los calurosos buques a patear zurrones de cuero mientras descargaban las mercancías en el muelle.
Vinieron a nuestras memorias la historia del fútbol del Pacífico, cuando vimos hacer diabluras a Pablo Armero y Víctor Ibarbo en el Mundial de Brasil, y pudimos decir con orgullo que el fútbol colombiano había nacido con nosotros.
 


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