EL SUBMARINO U-550 publicado en la Revista ZOOZOBRA MAGAZINE
La última vez que vi a Ulrich See fue en
Buenaventura. En ese entonces, él estaba tratando de convencer a un
grupo de marineros pensionados de la Flota Mercante Grancolombiana, para
que le ayudaran a sacar a flote un submarino U-550 que permanecía en el
fondo del mar, cerca a la Ensenada de Utrìa .
Contaban los que lo conocieron, que este
capitán de fragata alemán había llegado al Pacifico colombiano, después
de atravesar el Estrecho de Magallanes, y navegar en dirección Noroeste
de Colombia. Venía con la misión encomendada por el Fuhrer de
establecer una base de submarinos para atacar a los navíos y barcos de
bandera norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial.
Mientras cumplían con su misión se
terminó la guerra en 1945, y a toda la tripulación del U-550 le quedó
difícil retornar navegando a su tierra, ya que los Aliados controlaban
los mares del Pacifico y del Atlántico. Sin embargo lo hicieron
aprovechando la cercanía con el Canal de Panamá, ya que se embarcaron
de manera clandestina en un buque de bandera italiana que hacia la
travesía hasta Europa.
Todos se fueron menos Ulrich See, quien
de manera obstinada siguió en el sumergible hasta hundirlo en la
Ensenada de Utrìa. Para ocultarse del FBI que perseguía por toda América
a militares nazis, tuvo que internarse en la selva del Pacifico entre
Saija y Rodea , y para sobrevivir se dedicó a la dura labor de tumbar
arboles para vender su madera aserrada.
Fue así como vine a conocer la historia
de Ulrich See, ya que mi padre era gerente de una empresa exportadora de
madera, y en uno de los tantos viajes que hizo por dicha región, se lo
presentaron los nativos. Contaba con detalles mi padre, que él vio en el
armario de Ulrich, el viejo y conservado uniforme negro de cuero, la
cruz de honor de la armada nazi, y la bitácora de su periplo desde el
puerto de Dresden.
Después de mucho tiempo, en una reunión
de amigos en el Hotel Estación de Buenaventura, narraron cómo Ulrich See
pudo sacar a flote el U-550, pero con tan mala fortuna que se había
oxidado todo el cuarto de máquinas y la zona de torpedos. Finalmente
tuvo que venderlo como material de chatarra a unos comerciantes paisas,
quienes hicieron el negocio de su vida, ya que el submarino había sido
construido con acero fundido en la fábrica Krupp de Prusia.
Ayer caminaba por la Plaza de Caicedo en
Cali, y en una de sus bancas vi a un grupo de personas asombradas con
lo que uno de ellos narraba. Pude preguntar del porqué del tumulto, y
uno de los contertulios me dijo en voz baja, que el narrador era un
anciano con imaginación desbordada, el cual siempre manifestaba que
había capitaneado un submarino alemán U-550, pero que nadie le creía
semejante historia.
Seguí mi camino, y
pensé que muchas veces lo verosímil lo confunden con la fantasía.
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