Historias de Oscar Seidel publicadas en EL DIARIO SECCION LAS ARTES.



EL DIARIO SECCION LAS ARTES.
Pereira Domingo 17 DE JUNIO DEL 2018
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                    Historias de Oscar Seidel
                             
                                  LA VIEJA CANOA DE SUS MALOS RECUERDOS  
Después de extraños sucesos, que en principio a nadie inquietaron, la abuela notó con asombro que su casa de madera de dos pisos ubicada en la playa, se estaba encogiendo.
 
     Una mañana bajó la escalera que la conducía al primer piso, y vio que faltaba el último peldaño de madera enterrado en la arena. No le pareció importante y superó el vacío sin sobresalto; la reconfortó mirar su mundo tranquilo: la bodega con sus toneles de carnes y pescados salados, el pozo de agua, el artificioso jardín de las rosas, y la canoa varada por años, desde que no pudo regresar a la finca.  
     Al día siguiente, observó que a la escalera le faltaban cinco peldaños, y se hacía imposible alcanzar el  primer piso. Se alarmó, pensó que era el mar que estaba socavando los cimientos, y decidió quedarse acostada en su cama.          
    Transcurridos tres días, la abuela se percató que había desaparecido parte de la azotea; entonces llamó a todos los vecinos, quienes  alarmados fueron hasta la estación de policía a poner la denuncia. La investigación fue exhaustiva, y no dio resultado alguno.    
    Una semana después, la abuela enfermó por haber quedado atrapada en el segundo piso, no poder cultivar su jardín de rosas, y ver desaparecer por completo la vieja canoa de sus malos recuerdos, que había estado anclada en la tierra, desde que su marido
borracho cayó al mar por estribor, y jamás pudieron encontrarlo.                                                                                                                                      
     Esa madrugada, se asomó con dificultad por la ventana, y creyó ver a su marido que emergía en medio de una tempestad en el mar. Para ella era un aviso de desgracia. Los fuertes vientos hicieron que la casa se viniera abajo. Desde ese día, los vecinos la observan levitando en su cama.
 

                                             POR UN PUÑADO DE BILLETES
Era Mercedes la modelo alemana más cotizada de la casa comercial. El día que el ganadero la vio en la ciudad, quedó hechizado. Sin discusión alguna, ofreció un gran fajo de billetes por ella. Todos quedaron impresionados con la propuesta; nada había que hacer, una vez más aquel hombre podía adquirir lo que quisiera.
     La vida que soportó al lado de este campesino sin modales, no tuvo nombre ni adjetivo. La trataba a patadas con sus sucias botas montañeras; le arrojaba el humo de sus malolientes tabacos, y la enloquecía con su estridente música de carrilera.
     Juró desquitarse de aquel patán con plata. Podía ser el dueño del pueblo y sus alrededores, pero le había llegado la hora. Aquella tarde, al regresar de la finca, pasado de tragos lo excitó con su rugido de fiera germana y le alborotó el ego, con funestas consecuencias.
Cuando llegó la ambulancia, recogieron a la vera del camino, el cadáver del agropecuario. Ella fue llevada a la Clínica de Reparación. Al verla, el mecánico solo atinó a decir: “Tan hermosa que era la señorita Benz”. 

                                                   POR ENCIMA DE TODO
Por falta de recursos económicos, y con el ánimo de controlar gastos, el comandante de la policía local había impartido orden a sus subalternos, de mantener bien limpios y secos los uniformes y  armas de dotación. Aquella mañana que los ladrones atracaron el banco comercial, no esperaban reacción inmediata de los uniformados. Al estar acorralados, sin más escapatoria, huyeron hacia el muelle, y se lanzaron con el botín al mar. Sin embargo, no pudieron ser capturados. Los habitantes quedaron consternados y furiosos con la disciplina de los policías, por acatar al dedillo la orden del superior.

                                                   LA  ÚLTIMA RECALADA
El dueño del prostíbulo tenía amores enfermizos por el capitán del buque mercante, que cada dos meses atracaba en el muelle de Puerto Perla. Se alteraba con su visita al cabaret, dado que éste prefería a Dalila. Una noche cuando celebraba su quinta recalada, ebrio, no soportó más y le propinó un tiro en el corazón. No pudo contener los celos, porque Dalila le prestaba sus servicios a un marinero de otro barco anclado en la bahía. Del capitán y del dueño del cabaret no se volvió a saber, desde aquella vez que los vieron huir juntos. Fue su última recalada.
 

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