LEGADO DE CASTILLA
Legado de Castilla Escrito por oscar seidel 25-03-2016
Legado de Castilla
“La península
ibérica durante el transcurso de toda su historia, sufrió los
embates de la conquista de pueblos invasores como los Celtas,
Griegos, Romanos y Musulmanes entre otros, lo que configuró una mezcla de
culturas ,la cual dio como resultado un enriquecimiento del latín vulgar al
fusionarse con otras lenguas, el cual se hablaba y predominaba
mayoritariamente en la parte norte de la península, surgiendo
paulatinamente el idioma castellano, especialmente en la zona central de
España (Castilla); tomando como propia, tanto su cultura, como gran parte de su
idioma, enriqueciéndola con una diversidad de palabras, predominando
especialmente la arábiga, la cual se arraigó en España por su permanencia en
ella por aproximadamente 800 años, influenciando muy fuertemente
en su historia y cultura”.
Considerado el idioma oficial del reino de Castilla, e impuesto como medio único de comunicación en el Nuevo Mundo, el castellano fue traído al territorio líquido del Pacífico por los conquistadores y más tarde por los evangelizadores y esclavistas. Los invasores vinieron, vieron, explotaron, y se fueron, dejando como uno de sus legados el idioma. En lo profundo de la selva, en los ríos, y en el mar, quedó entronizado el castellano arcaico, perdurando hasta nuestros días innumerables palabras, que incluso en la misma península, ya se encuentran extintas
En nuestro territorio estaban los indígenas que tenían sus propios dialectos, y se entendían de esa manera. Después con el secuestro del negro de África, éste sufrió una simbiosis idiomática al intercambiar sus dialectos de Guinea, Congo, y Angola con el de los europeos.
Conversar con nuestros campesinos es fantástico; ya por la forma hiperbólica como narran su historia a través del relato oral; ya por el sinnúmero de adagios y dichos que utilizan, ya por las palabras que emplean en el diálogo, con las que podemos quedar completamente desorientados por no entender nada.
A la correa le dicen badana; para referirse a las zapatillas usan el vocablo babuchas; el pasador del pantalón es identificado como bichonga; y si a usted le dicen que es un badulaque debe ponerse serio, porque lo están tratando de poco juicio.
Cualquier arquitecto moderno queda perplejo si le hablan de los lugares comunes de una edificación: la canoera no es la mujer que rema la canoa, sino la canal del desagüe de las aguas lluvias; el soberao es lo mismo que el altillo, que es igual al cuarto de San Alejo; aljibe quiere decir pozo o cisterna.
Quién te trujo? Yo que me vengué! Este es el saludo en los ríos del litoral Pacífico, para preguntar al compadre en cuál embarcación llegó, y él le responde que se vino solo en su canoa.
En el campo, los mayores conservan sus cantos en manuscritos con letra Palmer, allí se observa el aporte mayúsculo del castellano arcaico.
Por qué nuestros campesinos del litoral se comen la letras P y C al pronunciar palabras como aceptar, captar, efecto? Porque así se hablaba en la antigüedad: acetar, catar, efeto.
Hoy en día, el habitante del Pacifico que ha dado el salto hacia las ciudades, evita pronunciar palabras y declinar verbos como: talega, aguaitar, fierro, pandar, canilla, anduve, enflaquecer. Lo que no sabe es que esas palabras forman parte del castellano arcaico, y no tiene la culpa que se quedaran para siempre en su lenguaje cotidiano.
! Qué ancha fue Castilla!
Oscar Seidel
Buenaventura, Febrero 18 de 1989
Considerado el idioma oficial del reino de Castilla, e impuesto como medio único de comunicación en el Nuevo Mundo, el castellano fue traído al territorio líquido del Pacífico por los conquistadores y más tarde por los evangelizadores y esclavistas. Los invasores vinieron, vieron, explotaron, y se fueron, dejando como uno de sus legados el idioma. En lo profundo de la selva, en los ríos, y en el mar, quedó entronizado el castellano arcaico, perdurando hasta nuestros días innumerables palabras, que incluso en la misma península, ya se encuentran extintas
En nuestro territorio estaban los indígenas que tenían sus propios dialectos, y se entendían de esa manera. Después con el secuestro del negro de África, éste sufrió una simbiosis idiomática al intercambiar sus dialectos de Guinea, Congo, y Angola con el de los europeos.
Conversar con nuestros campesinos es fantástico; ya por la forma hiperbólica como narran su historia a través del relato oral; ya por el sinnúmero de adagios y dichos que utilizan, ya por las palabras que emplean en el diálogo, con las que podemos quedar completamente desorientados por no entender nada.
A la correa le dicen badana; para referirse a las zapatillas usan el vocablo babuchas; el pasador del pantalón es identificado como bichonga; y si a usted le dicen que es un badulaque debe ponerse serio, porque lo están tratando de poco juicio.
Cualquier arquitecto moderno queda perplejo si le hablan de los lugares comunes de una edificación: la canoera no es la mujer que rema la canoa, sino la canal del desagüe de las aguas lluvias; el soberao es lo mismo que el altillo, que es igual al cuarto de San Alejo; aljibe quiere decir pozo o cisterna.
Quién te trujo? Yo que me vengué! Este es el saludo en los ríos del litoral Pacífico, para preguntar al compadre en cuál embarcación llegó, y él le responde que se vino solo en su canoa.
En el campo, los mayores conservan sus cantos en manuscritos con letra Palmer, allí se observa el aporte mayúsculo del castellano arcaico.
Por qué nuestros campesinos del litoral se comen la letras P y C al pronunciar palabras como aceptar, captar, efecto? Porque así se hablaba en la antigüedad: acetar, catar, efeto.
Hoy en día, el habitante del Pacifico que ha dado el salto hacia las ciudades, evita pronunciar palabras y declinar verbos como: talega, aguaitar, fierro, pandar, canilla, anduve, enflaquecer. Lo que no sabe es que esas palabras forman parte del castellano arcaico, y no tiene la culpa que se quedaran para siempre en su lenguaje cotidiano.
! Qué ancha fue Castilla!
Oscar Seidel
Buenaventura, Febrero 18 de 1989
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