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Libro de antología de Minicuentos "100 Palabras" coautor Oscar Seidel con 13 microcuentos




Libro de antología de Minicuentos "100 Palabras"

Escrito por oscarseidel 28-11-2017
Lanzamiento del libro de antología "100 Palabras" del Taller Palabra Mayor,que incluye 13 Minicuentos de Oscar Seidel.
Queridos amigos:
Tengo el gusto de invitarlos a todos al lanzamiento de nuestro libro "100 PALABRAS", el lunes 4 de diciembre en Comfandi -Centro Cultural- en Cali, a las siete de la noche.

La raíz del mal
María Antonieta sentada en la silla y con un dolor profundo, lo observó acercarse con sus
instrumentos de tortura y hubo un prolongadosilencio que fue interrumpido por un grito lastimero,
había sido extraída la muela de la reina deFrancia, quien en un acto de vanidad pidió seratendida en su celda por el dentista, antes de ser ejecutada en la guillotina.

Nado de sirenas
El cetáceo no iba a permitir una vez más que las sirenas lo apartaran de su show. Un encantador silbido fue lo último que escuchó el instructor del acuario antes de perder el sentido, mientras sus extremidades inferiores se perdían en el hocico alargado del celoso animal. Fue entonces cuando el delfín recordó, que muchos años atrás, había sido la atracción en el Mediterráneo, hasta que llegaron las voluptuosas sirenas que acecharon a los marineros con su seductor canto.

Grasa pura
Un grupo de personas huye del invasor. Entre ellos una cortesana de gordura prematura. En medio del trayecto, el carruaje se detiene en un hotel donde está destacado un General enemigo. Quedaron detenidos, y solo se les permitirá partir al día siguiente, si la obesa se acuesta con él. Al reanudar el viaje, ella recuerda que la vida siempre la ha sometido a la lujuria masculina. Desde entonces “Bola de sebo” huyó de los hombres, hasta que alguien se le arrimó con otros propósitos: un cirujano plástico que le hizo la liposucción.

No hay cama para tanta gente
Sor Teresa, todas las noches en su fría celda, le reza a las once mil vírgenes que la acompañan en su difícil misión en la tierra. En el convento se volvió comidilla, que por las noches se escucha una algarabía celestial en su celda. Una madrugada escucharon un bestial estruendo: la cama no soportó tanto peso.

Plegarias ardientes
Toda su vida había sido devota consagrada de la virgen de las Lajas, a la que le rezaba en las noches, frente al cuadro que tenía en su habitación. El día del incendio los bomberos no lograron detenerlo porque faltó agua en los hidrantes del puerto. Alumbrada por el resplandor del fuego, la mujer llena de pánico y víctima de la confusión, se abrazó el cuadro y le pidió que la protegiera. Su vivienda se consumió completa. Maldijo su suerte, por equivocación se había abrazado al cuadro del General Santander.

Ojos que no ven
Diógenes de Sinope, caminaba por las calles con una lámpara encendida, diciendo que “buscaba hombres honestos”, nunca los encontró. En el mundo subdesarrollado, cierto político quiso imitarlo con la consigna de acabar con los corruptos; no le duró mucho la idea, al atravesar la calle se mató en una alcantarilla a la que el contratista corrupto no le había colocado tapa.

 Rebelión de las notas   
Furioso por no lograr concluir la décima sinfonía, Beethoven quitó de la partitura el minué donde más se alegraban las notas. Inconformes y rabiosas, las corcheas escaparon del pentagrama y se instalaron para siempre en los oídos del músico.

Nacida en el equinoccio
Acosada por los vikingos, la valkiria invocó a su padre el poderoso Odín, solicitando ayuda que detuviera el deseo desenfrenado de aquellos bravos guerreros del mar del norte. Todos estaban embrujados por su musculatura de ébano,los ojos negros, el pelo azabache trenzado, y por los dos redondos apéndices que le colgaban del pecho. El día del equinoccio de verano, la atractiva diosa desapareció. Al amanecer vieron en la isla nórdica una hermosa palmera tropical cargada de frutos carnosos que se movía con la cadencia del gélido viento.

Huele a ángel
La mamá atormentada con su hijo, por sus escapadas al prostíbulo, decidió implorar al ángel de la guarda. El día que apareció, se fueron juntos al lenocinio. El batir de las alas y el calor del Pacifico le propiciaron un olor terrible en los sobacos. El dueño le pidió que se retirara. Una vez en su mundo pidió un polvo celestial: hoy es el santo más invocado por las meretrices.

Mujer-suela
La noche en que el coito fue interrumpido por la presencia del fisgón, la mujer se había quitado los zapatos porque los tacones se le enterraban en la tierra. Al verse sorprendidos, salieron corriendo sin zapatos. El voyerista los tomó y los dejó en una banca del parque junto a un letrero que decía «La putería de zapatos».

La carta bajo la lluvia
Al caer sobre el techo de zinc, el aguacero sonaba como una máquina de escribir de infinito tecleo. Todas las noches, el Ciego le escribía a su amada al compás de las gotas de lluvia; al llegar la medianoche tenía que terminar un párrafo para que no se evaporara con el sol de la madrugada. Cuando apareció el verano logró enviarla. Al abrirla, emergieron gotas de letras que la salpicaron de amor.

Azul de metileno
El sufrimiento, porque su amante del prostíbulo lo había dejado por un marinero sueco,hizo que el godo Sectarino López enmudeciera para siempre. Se adelgazó su piel hasta convertirse en un pizarrón donde se podían leer las ofensivas frases que escribían sus venas azules contra los liberales. El día que cayó el Dictador, un tumulto enardecido se dirigió a su casa para ejecutarlo. Al morir, vieron cómo de su cuerpo se desprendían las letras más ofensivas que no alcanzó a pronunciar.

Hablando con el mar                                                                                                                              
La palafítica casona donde la mujer vivió durante treinta años en compañía de su único interlocutor,el mar, causaba terror a la población: en pleamar había algarabía, y cuando la marea bajaba reinaba el silencio. Extrañado por la situación, el alcalde envió a averiguar por el asunto. Una noche,la mujer recibió la visita de un uniformado y, ella que nunca había tenido hombre, quedó atrapadapor él en su lecho. Celoso, el mar, tumbó lacasa y los arrastró entre su corriente.

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