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Libro "Que todo el mundo te cante" coautor Oscar Seidel con tres relatos



Libro "Que todo el mundo te cante"

Escrito por oscarseidel 09-12-2016

Apreciados todos:
Los invito a la clausura de mi Taller Palabra Mayor, y al lanzamiento del libro escrito por nosotros los alumnos,titulado "Que todo el mundo te cante". El evento es el miércoles 14 de Diciembre 6.30 p.m en el Centro Cultural Comfandi Piso 3 .Hay parqueadero. La entrada es al gratin. Saludos. Oscar Seidel

    Esa Negra Linda Camará

Cuenta la leyenda que en un pueblo hubo una negra hermosa “con dos chontaduros de caucho que le cimbraban en el pecho, y sonrisa perlada de tagua”, cuyo sino fue la desgracia en el amor por haber invocado, sus padres, a la diosa Oshun de la Santería, para que naciera bella y no fea como el bembón de su hermano mayor. A Oshun no le gustó la actitud de los padres, dado que ella como diosa de la fecundidad, el amor, y la belleza, era la única que decidía la fisonomía de los demás seres terrenales, y no necesitaba que la invocaran para esos menesteres. Sin embargo, quiso perdonarles la osadía, y mandó a esa hermosura del monte soberano.
Dijeron los padres, que cuando Oshun reía auguraba una desgracia, así que evitaron que cualquier hombre se le acercara a cortejarla hasta que no fuera una señorita.
   
El pueblo estaba cerca a las riquezas del mar, del rio y del monte. Corrió por todos los confines el mensaje de que Tomasa estaba en “la edad de merecer”; entonces aparecieron pretendientes, después solo quedaron: un mareño, un agricultor, y un minero. A cada uno se le dio la oportunidad de mostrar sus mejores galas, y fue así como se presentaron ante los futuros suegros: “Yo soy Antonio el mareño, tengo mi potrillo y mi atarraya. Todas las mañanas a las cinco me voy al mar abierto y al declinar el día traigo el producido de mi pesca, la vendo en la galería, y  todos los días dispongo de dinero  para satisfacer a la señorita Tomasa”. “Me llamo Francisco, poseo mi parcela cultivada con tagua. Vendo semanalmente mi tres quintales de semillas, y no me falta la plata con lo que daré buena vida a su hija”. Finalmente se presentó José, el dueño de la mina de oro, quien les regaló tres cadenas para que vieran que a él la plata y el oro le sobraban, <<y que no mostraba más cosas porque la primera impresión era lo que valía>>.
   
Los padres de Tomasa volvieron a invocar a Oshun para que su hija tomara la mejor decisión en ese entuerto amoroso. Ella que representa la lucha por la vida, y es la dueña del rio y del mar, les recomendó que averiguaran sobre el presente sentimental de cada uno, porque ya sabían que el mareño y el minero eran enamorados de varias mujeres a la vez, y que los agricultores hacían trabajar mucho a la esposa, y no le compraban ni ropa. También les sugirió que le pusieran una prueba de valentía fidelidad. Al mareño le dijeron que trajera la concha de nácar más hermosa de la mar parecida a la que sirvió de cuna a Oshun; al agricultor le pidieron la semilla de tagua más blanca que el armiño, y al minero le solicitaron un brazalete de oro que jamás se hubiese visto en el pueblo.
   
Cada pretendiente trató de cumplir con la responsabilidad asignada: el mareño salió a pescar una mañana y jamás regresó, y todos en el pueblo comentaron: “el mar da y quita”. El agricultor que estaba borracho se hizo presente solo con un quintal del marfil vegetal,  porque antes había dejado dos quintales en la casa comercial y se los habían pagado con guarapo y dormida en el desembarcadero; todos en el pueblo exclamaron “para beber si tiene”. Al final el minero no pudo volver porque las tres mujeres que tenia se dieron cuenta de sus intenciones, y le hicieron bilongo con un brebaje de pildé y amansaguapo, para que se olvidara de esa negra linda camará que lo tenía loco, tan loco que ya se había hecho forrar con oro los dientes del frente; en el pueblo todos murmuraron “el oro no es para la gente de mala voluntad”.

 Descontentos  los padres decidieron enviar a su hija a la capital, a casa de sus tíos, quienes se habían ido a vivir allá a raíz del incendio que casi acaba con el pueblo. Tomasa que había nacido con el atributo de conquistar con su belleza a cualquier hombre, triunfó en la capital como modelo y presentadora de televisión, pero no encontró el amor, a pesar de que le llovieron hombres.
   
     Desesperada, regresó al pueblo para ver, si invocando a Oshun, se le endulzaba la situación. Una tarde  
    se metió al rio y no volvió a salir. Cuentan los mareños que cuando les coge la noche en el sitio donde    
    confluye el rio con el mar, se oye el llanto de Oshun, porque Tomasa y Antonio el mareño se encuentran   
    en la profundidad como pareja, y se convierten en Orishas.

   El ombligado

   El día que Cipriano Castillo se fue a vivir con su prima, todos en el pueblo vaticinaron que alguna  
   maldición les iba a caer. A los nueve meses de estar conviviendo, la madre dio a luz a un robusto niño,  
   que para asombro de la partera apareció con una protuberancia en el ombligo. Asustada la partera     
   observaba cómo el oráculo popular había acertado en el vaticinio. De manera rápida tomó la placenta y   
   el  cordón umbilical, y los mandó a enterrar debajo de la semilla de una palma de coco, que tiempo atrás  
    habían escogido siguiendo el ritual de sus ancestros.                                                                                                     
Preocupada la parturienta porque ya llevaba su hijo veintiún días y nada que se le caía el muñón, hizo  llamar a la partera para que ejecutara la segunda parte del ombligamiento. De manera diligente atendió el llamado, mandó a buscar  telaraña de tarántula utilizada para desinfectar la cicatriz, y pidió que le trajeran el animal cuyas cualidades le formarían en un futuro el carácter  al recién nacido; para que le esparciera los polvos telaraña, para el bienestar y lo alejara de maleficios, y con ello cumplir con la segunda y última ombligada. Todo estaba dado para que las cosas no salieran bien, para el rito le trajeron telaraña doméstica, y como no encontraron gallo le proporcionaron un burro. Enojada, no solo por las consecuencias para el niño, sino para ella y la comunidad, punzó como pudo el ombligo, pero el apéndice no disminuyó.   
En su infancia Críspulo Castillo no tuvo problemas para cubrir el cartílago pegado a la barriga, que su mamá le fajaba. Los inconvenientes empezaron en plena juventud, cuando se le despertó la pasión por Teodomira. La primera vez que salieron a bailar, Críspulo tomó sus precauciones; solo echaba paso de lejos sin acercarse a ella, pero el mundo se le vino encima, cuando al calor de los tragos, Teodomira lo invitó a bailar un bolero. Al ritmo del primer amacice, Teodomira palpó que su parejo estaba bien dotado pero de una manera particular, puesto que sentía como punzadas que le subían hasta arriba del ombligo, causándole un malestar inusitado; le dio una cachetada por atrevido, y le pidió explicación por tamaña desmesura. Apenado, Críspulo no musitó palabra, se retiró del baile, y nunca más la volvió a cortejar.                                                          
Alejado de las mujeres, Críspulo se dedicó al estudio por completo, con tan mala fortuna que no pudo pasar del primer semestre de medicina, a pesar de, haber intentado dos veces culminar con éxito. Preocupados los padres por la racha de mala suerte de su hijo, trataron de encontrar la razón para tanta desventura. Fue entonces cuando la partera que ya estaba muy anciana, les recordó el momento del nacimiento, y la ombligada que le mandaron a hacer. Comentó con detalles lo de la maldición por casarse entre familiares; les dijo que todo lo que sembraran no cultivaría por haber enterrado la placenta; que el muñón acompañaría a Críspulo toda la vida, y que era bruto por el burro en vez de gallo.     
Al cabo de quince años Críspulo murió, cuando un falso cirujano plástico que andaba de correría le arrancó la protuberancia  y no pudo detener el torrente sangre.      

 
DISCORDIA
Era una torre de Babel aquel vecindario ubicado en el sur de la ciudad. El señor de la casa esquinera 
quien reclamaba que se entecharan los parqueaderos, tenía un prontuario por corrupto, y estaba 
bregando para que le dieran el contrato de dicha construcción. Por otro lado, el viejito que más exigía 
por la seguridad, estaba colgado en siete cuotas de administración; y el vecino bipolar que se declaraba 
defensor de las mascotas, tenía las zonas comunes llenas de excrementos de sus gatos y perros.
 La polarización de ideas y las diferentes culturas de los copropietarios de la unidad residencial, había llegado al punto de que sus peleas y querellas, debieron ser dirimidas por el delegado de la Personería Municipal, quien citó a la Asamblea Extraordinaria para que se aclararan los problemas, so pena de poner una multa económica a todos los que en ella conviven.
                                                                                                                           
     El Personero delegado presidió la Asamblea de copropietarios e hizo  un llamado para que se acabaran los malentendidos. Tomó la palabra la señora más anciana para presentar su queja, dado que en el baño turco se burlaban de ella, cada vez que iba con una bata de baño más arrugada que ella, y por sobarse los entre-muslos delante de todos los asistentes. Enseguida, se paró en la palabra la vecina alocada, quien presentó tres querellas así: que hicieran callar a la vecina cuarentona, quien emitía gemidos cuando hacía el amor, porque la tenía acomplejada ante su esposo el gordito; la segunda, prohibir desayunos con tamal a las cinco de la mañana, puesto que el hedor que despedía le hacía dudar del mal aliento de su gordito; y la última solicitud, que no permitieran tocar batería al hijo del melómano, después de las diez de la noche, dado que su gordito dormía a esa hora después de rezar el santo rosario. Al final, intervino el más cascarrabias de todos los vecinos, un pensionado que sembraba la discordia entre todos, se quejaba que había una señora que roncaba todas las noches en diferentes decibeles y silbidos, no dejaba dormir, y su carro lo prendía a las cinco de la mañana para ir al gimnasio.                                         
     El Personero delegado se encontraba tensionado, y a punto de terminar la Asamblea sin encontrar  solución al problema. Fue entonces, cuando recibió un mensaje por Whatsapp de Planeación Municipal, en el que le manifestaban que acababan de expropiar los terrenos de la Unidad Residencial, puesto que por allí pasaría la nueva avenida. El funcionario dio la información, les recordó que cada copropietario seria indemnizado, y que ante esa decisión no procedía recurso de reposición.
Hoy, después de cinco meses, todos los copropietarios reciben a regañadientes una suma de dinero que solo les alcanzará para comprar apartamentos de interés social en el oriente de la ciudad, y consternados porque el valor de la propiedad raíz subió de manera escandalosa debido a una alcaldada del gobernante de turno. Por primera vez, el vecindario se pone de acuerdo, y decide ir a comprar los apartamentos de interés social, pero se llevan la sorpresa que los inquilinos actuales no les permiten convivir con ellos, puesto que conocen sus antecedentes, dado que allí vive el ultimo administrador que tuvo la conflictiva Unidad Residencial, y expulsado a la brava por no hacer cumplir el Manual de Convivencia. Con el rabo entre las piernas, y con la mala fama a cuestas, cada uno decidió  buscar otro sitio de la 
ciudad.                                                                
Ayer, llamaron al Personero delegado, porque el pensionado cascarrabias está sembrando la discordia en el nuevo vecindario. El funcionario se rehúsa asistir a dirimir otro conflicto, y recomienda a sus superiores que llamen al Presidente de este país, porque la convivencia en esta ciudad no la arregla nadie.  
         




                                       




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