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LLEGÒ EL CIRCO

Llegó el circo

Escrito por oscarseidel 03-04-2016
Llegó el circo
Aquella tarde calurosa cuando los habitantes del pueblo se dedicaban a hacer la siesta, escucharon un sonido estridente de trompetas oxidadas, parecido a la fanfarria que les había pronosticado el cura que se oiría el día del Juicio Final.
De un momento a otro las calles se llenaron de leones despelucados, tigres con rayas desdibujadas, elefantes sedientos y monos tristes. Igualmente aparecieron acróbatas con fracturas en los huesos, el hombre bala con la pólvora mojada, el tragasables que se había atorado con agua salada y payasos con maquillaje chorreado que no hacían reír a la población. Fue el alboroto general dado que nunca habían presenciado un desfile así, y menos en condiciones tan deplorables.
El alcalde, el Concejo en pleno, el sargento de policía, y el cura se despertaron del motoso del medio día y presurosos corrieron a darle la bienvenida a tan inesperada visita. Hicieron llamar al recinto de la administración municipal al responsable de ese espectáculo tan grotesco para preguntarle por su procedencia. Éste de manera efusiva manifestó que toda la compañía andaba realizando una gira artística por las Américas, y que en la travesía por el mar el barco en que venían había naufragado, debido a una fuerte tormenta tropical que los azotó al frente de la bahía. Dijo que lograron llegar a tierra firme gracias a unos barcos pesqueros que los rescataron después de estar tres días a la deriva, y que la mayoría de los animales se vinieron nadando atrapados en las redes de pesca.
Acongojado por la noticia el alcalde les ofreció acampar en el potrero donde se jugaba futbol y beisbol. De esta manera levantaron la carpa llena de retazos, y con tarimas de madera elaboradas por un carpintero nativo, programaron la primera función para el fin de semana. Esa noche del estreno jamás será olvidada por los habitantes del pueblo. Fue tan mala la función que ningún acto artístico provocó asombro, salvo la carcajada general originada por la defecada del elefante, cuyo excremento embadurnó al alcalde que se encontraba sentado en primera fila.
Con el pasar de los días nadie más quiso volver a la carpa, salvo el candidato amigo del alcalde quien vio una oportunidad de compartir las instalaciones para ganar adeptos y votos, puesto que se aproximaban las elecciones para Alcaldía y Concejo Municipal. De esta manera el dueño de la compañía artística rescataría algún dinero que le serviría para continuar su travesía, y visitar otros lugares en donde los habitantes no fueran tan amargados y sin sentido del humor.
Para motivar al público para que asistiera al renovado show, el alcalde cometió el peculado por desviación de fondos más grande en la historia del pueblo, dado que envió al secretario general a que trajera, al precio que fuera, las especies animales del ave Fénix en Egipto, al último tigre de Tasmania, a Nessi el monstruo del lago Ness en Escocia, y un mico parlamentario en el Congreso de la Republica. Por el lado humano tenía que contratar, costara lo que costara, a Yeti el abominable hombre de las nieves en el Himalaya, al mago Harry Houdini en las cataratas del Niágara, y hasta Charles Chaplin por si lo encontraba vivo. Pero tan maquiavélico propósito no se pudo cumplir, porque el secretario general se robó el dinero y desapareció para siempre.
Llegó el día de tan esperadas elecciones, y el resultado como era previsible fue un rotundo fracaso para el amigo del alcalde y para los artistas, quienes sufrieron los embates de una segunda tormenta provocada por sus seguidores, quienes le metieron candela a la gran carpa dado que no aguantaron la derrota y la burla de los contrarios, provocando estampida de todos los animales hacia la selva profunda.
Aquella tarde calurosa de otro día después, los moradores vieron partir a la gente foránea en un barco que iba rumbo a un país de las Américas. En la playa adormecida por las olas quedaban los últimos vestigios: los pedazos de carpa con las que los pescadores recogían almejas, y las carcomidas pancartas de tela de los pasados comicios electorales, enredadas unas con otras, en las que se alcanzaba a distinguir la foto del alcalde ganador junto a la de la primera función del espectáculo artístico, en la que de manera premonitoria anunciaba “Llegó el circo”.
Oscar Seidel
Pereira, junio 13 de 1972
  

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