Oscar Seidel
- El Reloj
La pareja de enamorados se iba a separar para siempre, ella marchaba a
estudiar al exterior. El novio, enloquecido arrancó las manecillas de
todos los relojes del puerto para vivir de manera eterna la despedida.
Hoy los habitantes sufren una rutina perenne, nada sucede, todo es
igual: el tiempo se detuvo.
- Ya es muy tarde
No pudo aprender en la escuela a declinar los verbos en tiempo
pasado; de igual manera así fue su existencia, solo vivía en el
presente. La esposa cansada de los malos tratos que le propinaba, le
dijo que la relación había terminado; el hombre no supo conjugar las
palabras para hacer compatible la situación, no recordaba el ayer.
- Convergencia
Iba manejando el tren, cuando la carrilera que había transitado hacía
una hora se transformó en dos líneas al llegar al desvío, y con el
cambio de las agujas fue a dar a un lugar desconocido. Recordó en ese
momento que así fue su amor con la mujer que lo engañó: lento,
acelerado, y extraño. A partir de ese entonces el maquinista solo rueda
sobre sí mismo.
- Perfidia
El malvado, visitó el mar para que le ayudara a terminar con su
desdicha; se asombró al ver reflejado en las quietas aguas la cara de
perverso que tenía. El barco que transportó a la mujer zarpó esta
mañana, y el mar no se prestó a la propuesta indecente de hacer
naufragar la nave.
- Allí
Los amantes se reunían en el viejo muelle de pescadores, y
convirtieron el lugar en el aliado de sus citas clandestinas. Un fuerte
temblor sacudió el pueblo, y ahora no pueden volver a verse: el maremoto
acabó con el sitio donde se acariciaban con pasión desenfrenada.
- He sabido que te amaba
El enamorado platónico de la mujer más bella del
pueblo, contó a todos sus amigos la pasión que sentía. Nunca fue
correspondido, a pesar que le enviaba flores y le escribía versos. Hoy
en el matrimonio de la hermosa dama con un acaudalado empresario, el
mesero rehúsa llevar las bandejas de manjares y bebidas a los invitados:
no quiere ser burla de los demás.
- Lagrimas negras
El día que la amada partió, el enamorado comenzó a llorar lágrimas
negras y la cara se le tiznó. Con el tiempo su casa oscureció. La tinta
que brotó de sus ojos sirvió para escribirle una carta pidiéndole que
regresara. La misiva no tuvo respuesta: el pueblo amaneció inundado por
una marejada negra que salió de la casa del desdichado.
- La última copa
Al equipo de futbol que ganó todas las copas le
llegó la decadencia por adquirir jugadores que se volvieron dipsómanos.
Con el fin de armar un buen conjunto, los hinchas se citaron en la
fuente de soda; después de conseguir los fondos necesarios para volver
competir, contrataron a algunos jóvenes abstemios del puerto. Con el
objeto de desearse suerte, brindaron con una copa de helado.
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