MINICUENTOS DEL ALMA

MINICUENTOS DEL ALMA
Por: Oscar Seidel
MORIR DE GANAS
En mi viaje a la Habana, la tormenta tropical atrapó la aeronave. Moría de ganas por conocer la isla. Ahora, sentado en el bar La Bodeguita del Medio, escucho comentarios de un par de turistas extranjeros sobre el accidente aéreo sucedido esta mañana en el mar Caribe, del cual, no se salvó ningún pasajero. Asustado, salgo del lugar. Me asombro al pensar que mi alma voló más rápido que mi cuerpo.
SIN SENTIDO
Se encontró el cadáver en la mañana.Hubo total consternación porque era el hombre más rico del pueblo. En vida jamás visitò al médico pues ni el alma le dolìa. No tuvo preocupaciones familiares. No le faltó alimento, y sus negocios iban de maravilla. Por la tarde,Medicina legal dictaminó: muerte por exceso de felicidad.
LA VOZ
El barítono era la atracción en el Teatro de la Opera. Todos alabaron el timbre de su voz y el personaje de macho que representaba. Pero al terminar la función la tristeza lo invadìa y el alma se le descuadernaba; quiso regresar a su lejana tierra, el nuevo rol de su vida no le satisfacía. El eunuco había sido vendido en el harem a los empresarios artísticos, porque al caparlo, se enamoró con toda su alma de la esposa del Sultán, y a él sólo le quedò funcionando la voz.
EL PELDAÑO
Don Mario cae de la escalera de la empresa; el mundo se le viene encima. Todos los compañeros de trabajo se burlan del viejo. Él, con su honor en el suelo y el alma hecha pedazos, se levanta, mira alrededor los objetos personales que se le han desparramado, los recoge, y sigue hasta su oficina ubicada en el segundo piso, Entonces, recuerda los treinta años que lleva subiendo peldaño tras peldaño para ser el segundo en el escalafón jerárquico. Luego, más tranquilo, piensa en sus jóvenes compañeros, y lo duro que les será llegar al cargo que él tiene, dado que a partir de mañana subirá por el ascensor del gerente, y ordenará quitar la escalera.
HUELE A ÁNGEL
La mamá atormentada por las escapadas de su hijo al prostíbulo, decidió implorar al ángel de la guarda. El día que el ser angelical apareció, fueron juntos al lenocinio para purificar el alma pagana. El batir de las alas al bailar, y el calor del Pacifico, le propiciaron un olor terrible en los sobacos. El dueño les pidió que se retiraran porque estaban ahuyentando la clientela. El muchacho no volvió jamás a aquel sitio. Una vez en su mundo, el ángel pidió un polvo celestial para quitarse el hedor. Hoy es el santo más invocado por las meretrices para que les traiga suerte con los clientes que huelen mal.

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