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PAROLA HIDRÀULICA

Parola Hidráulica

Escrito por oscar seidel 15-03-2016
Parola Hidráulica   
El puerto fluvial de Barbacoas tuvo fuerte afluencia de inmigrantes europeos en el siglo XIX; quienes atraídos por la riqueza aurífera del río Telembì, llegaron a forjar un patrimonio económico sólido como el oro de 24 quilates que extraían de sus minas. Se destacaron las familias italianas  Manzi,  Escruceri,  Manosalva,  Valente, y  Cosanostra.
Estos empresarios del precioso metal hacían sus exportaciones de lingotes por el puerto de Tumaco, y con el correr del tiempo entablaron buenas relaciones con las familias Márquez y Benítez, cuyos antepasados habían nacido en Barbacoas, pero  debido al auge comercial que tenía el puerto marítimo decidieron trasladarse. Fue así como se dio la segunda ola inmigratoria de los italianos, quienes muy rápidamente lograron abrir casas comerciales que importaban productos de Europa. 
Pero no todos los ascendientes de italianos quisieron dedicarse al comercio, y más bien sugirieron a sus padres que los enviasen a estudiar al país de sus abuelos. Uno de estos jóvenes fue Giacomo Manosalva, quien se decidió por los estudios de medicina en la Universidad de Palermo, y viajó hasta ese puerto del mediterráneo en el buque el Durazzo que  semanalmente  viajaba hacia Europa. 
En el año 1912 se propagó en Tumaco el paludismo o malaria, enfermedad tropical que casi diezma la población nativa, ya que no existían  médicos en el pueblo y el incipiente hospital no daba abasto para atender la epidemia. Aprovechando que Giacomo Manosalva ya había terminado sus estudios de medicina, debieron comunicarse con él a través del famoso Marconi que era la última tecnología en comunicaciones, para que regresara de urgencia a Tumaco y ayudara con sus conocimientos a disminuir la epidemia. 
Cierto día, estando en su consultorio el doctor Manosalva tuvo la visita de su prima Gina Cosanostra, quien le manifestó que su problema no era la malaria sino la disfunción eréctil de su marido el boyacense Parmenio Siachoque, personaje del altiplano que había llegado al puerto como Auditor de la Aduana Nacional. Confesó Gina Cosanostra que su marido le echaba la culpa de su disfunción eréctil al fuerte calor, y al abundante espagueti que comían todos los días. No se demoró mucho la consulta, ya que el médico le recetó a su prima que le diera un vaso de agua a su marido antes de acostarse, y que santo remedio. Terminó recomendando mucho juicio, y que al día siguiente le informara todo.
Amaneció y muchos estaban esperando que hubiese noticias positivas, dado que el pueblo entero  estaba enterado de la receta formulada. A eso de las nueve de la mañana, y en vista de que Gina Cosanostra no había ido al consultorio del médico Manosalva, éste decidió ir hasta su casa. Cuando arribó al domicilio encontró al par de esposos trasnochados y compungidos. No tardó el médico en preguntar qué había pasado, y Gina Cosanostra narró que la noche anterior tratando de asegurar una buena faena conyugal, le había dado de beber a Parmenio una jarra completa de agua, y no el vaso de agua   formulado, y que como consecuencia de ello él no había tenido erección alguna, por estar orinando en el baño hasta el amanecer. 
La noticia se propagó rápidamente por el puerto, y obviamente los tres personajes fueron la burla de toda la comunidad, ya que los apodaron “Parola Hidráulica”. Para evitar el escarnio público, las dos familias decidieron irse a vivir a Italia, y en la primera  oportunidad que  se presentó hicieron la tercera ola inmigratoria en el buque El Cerigo, que por esos días estaba en Tumaco. 
Oscar Seidel                                                                                                                                               Cali, Febrero 09 del 2016
 

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