MICRORRELATOS DE TERROR publicados en El Diario de Pereira Seccion LAS ARTES



Microrrelatos de terror publicados en El Diario de Pereira Seccion LAS ARTES
Por: Oscar Seidel

SANGRE
Con sevicia metió el cuchillo al cuerpo desnudo, cortó cabeza y corazón, y sacó las vísceras. Miró con morbo por si faltaba un órgano más para extirparlo. Luego cogió el cuerpo inerme, lo expuso al fuego a temperatura de 150 grados centígrados, dejó pasar tres horas y exclamó a su mujer: “Ya está listo el pavo para la cena de Navidad”.

COMPASION

Las recogieron aun con vida en la playa, después que una ola las hizo naufragar. Sin piedad alguna pasaron sus débiles cuerpos por  baño caliente para quitarles el ánima del mar. Esos<< ojitos negros saltones>> solicitaron clemencia, pero todo fue en vano, era Semana Santa, las sardinas- chautizas debían morir con los ojos abiertos. No pude comer ese encocado

AMENAZA
En varias oportunidades le advirtió que no la ofendiera delante de su familia, no iba a soportar más vejámenes, le presagió un mal desenlace, pero él insistió en su desmesura y le arrojó piedras como para lapidarla. Ella reaccionó, le aplicó su arma letal, y salió volando de la escena dejándolo malherido. Hay consternación en el pabellón infantil del hospital, un niño se encuentra atendido por el grupo médico, después de haber sido picado por un enjambre de avispas.

SILENCIO

Fue conminada a callarse bajo pena de ser encarcelada para siempre, sin embargo hizo caso omiso y se despachó con una perorata que sacó de quicio a todos. Trataron de amordazarla para no escuchar sus improperios, pero no fuè posible. No hubo más opción, el dueño de la casa abrió la jaula para que la lora se escapara, con tan mala fortuna, que el gato que también estaba aburrido, alcanzó a darle un zarpazo y terminó dándose un suculento festín.

OSCURIDAD

Todo en tiniebla, llovía a cántaros, noche eterna, no había luz, imperaba el terror, sólo se escuchaban sus propios gritos. Decidieron clamar al Señor de las Alturas para que cambiara la situación. En la madrugada apareció el mayordomo quien vivía en lo alto de la colina, prendió la planta eléctrica de la finca, y terminó el pánico.

 


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