Y volar, volar, volar: historias de inmigrantes alemanes.

Por: José Miguel Alzate
Son muchos los libros que en Colombia se han publicado sobre
ciudadanos alemanes que llegaron a este país huyendo de las guerras en las que
la patria de Ludwig va Beethoven estuvo enfrascada durante el siglo XX. Sin
embargo, antes de que las dos grandes conflagraciones mundiales produjeran ese
éxodo de alemanes hacia países de América Latina, varios ciudadanos de esa
nación habían pisado territorio colombiano, trayendo conocimiento y, de paso,
aportando luces a nuestro desarrollo. El más importante de todos fue, sin lugar
a duda, Alexander von Humboldt. Tanto, que William Ospina escribió “Pondré
mi oído en la piedra hasta que hable”, una novela sobre lo que significó la
presencia en Colombia de este científico nacido en Berlín, el 14 de septiembre
de 1769.
Otro ciudadano alemán que mereció que un escritor colombiano
lo convirtiera en personaje principal de una novela fue Geo von Lengerke, un
ingeniero que llegó a Colombia en 1852, nacido en Dohnsen, el 31 de agosto de
1827. Pedro Gómez Valderrama publicó en 1977 “La otra raya del tigre”,
una novela en la que se acerca a la personalidad de este hombre que se instaló
en el entonces Estado Soberano de Santander, donde fue colonizador de tierras y
constructor de caminos. Sin embargo, antes de él había pisado tierra colombiana
Nicolás de Federmann, un explorador alemán que llegó en 1536 acompañando a los
conquistadores españoles en la búsqueda de El Dorado. “Vida y viajes de
Nicolás de Federmann”, del antropólogo Juan Freide, recoge sus andanzas por
Colombia.
“Y volar, volar, volar”, novela de un escritor
tumaqueño de ascendencia alemana, Oscar Seidel, ganadora de la convocatoria “Mi
Nariño: Cultura Viva, Creación Inédita”, correspondiente al año 2023, narra
cómo se enamoraron de Colombia dos alemanes imaginados que, emulando a los
arriba nombrados, dejaron historia en Bahía Iluminada por las aventuras que
vivieron. Ellos son Werner Vogel y Ulrich See, que participaron en la Segunda
Guerra Mundial. El primero fue piloto de un avión de combate derribado por los
ingleses en el mar del Norte, donde se salvó de morir. El segundo fue capitán
de la armada y su gran preocupación fue buscar los restos de un submarino
alemán hundido cerca de la ensenada de la bahía de Nutria, donde escaparon
veintiséis tripulantes. Él fue el único sobreviviente que se quedó viviendo en
el Pacífico colombiano.
¿Qué tienen en común estos dos personajes que terminan
viviendo en un pueblo llamado Bahía Iluminada? Sus historias sobre la Segunda
Guerra Mundial y sus experiencias en la aviación. Ulrich See aparece en la
plaza de San Thiago un día cualquiera contando historias sobre la guerra. La
gente lo escucha incrédula. De repente, aparece allí Werner Vogel, aplaudiendo
todo lo que dice. See venía de un lugar cercano, la ensenada de la bahía de
Nutria, donde estaba buscando los restos del submarino U-1550. Vogel llegó a
Bahía Iluminada porque en un segundo accidente, trabajando como copiloto de un
avión comercial, la aeronave se precipito a tierra cerca del pueblo. Cuando lo
rescataron lo llevaron al hospital que allí funcionaba. Los dos decidieron
quedarse viviendo en Bahía Iluminada.
Esta novela que tiene como telón de fondo la Segunda Guerra
Mundial está escrita en un estilo ágil, en una prosa limpia, sin arcaísmos,
construida con adjetivos precisos.
Las historias de amor que fluyen a lo largo del libro, como
enamorarse Werner Vogel de Marina Andreotti, o Ulrich See de La Mona Margot, o
la relación de Amada Angulo con el mismo Vogel o de Marina Andreotti después de
que enviuda con su yerno, le proporcionan al argumento un hilo narrativo que el
lector sensible ante la belleza disfruta por interpretar realidades. Toda
novela debe tener un atractivo: las escenas románticas. Oscar Seidel entiende
que los personajes deben vivir momentos de pasión, que al lector le gustan esas
escenas melifluas donde se expresan los sentimientos del alma, que el erotismo
es un complemento que despierta interés por la narración, siempre y cuando el
escritor no caiga en lo ordinario. “Y volar, volar, volar” es, en este
sentido, un libro de lenguaje precioso.
Marina Andreotti es el personaje femenino que más trasciende
en esta novela. Es hija de un comerciante italiano que llegó a Bahía Iluminada
atraído por la cercanía del mar. Una mujer bella, sensual, de charla exquisita,
que gusta de la lectura. Una apasionada por la obra de Gustave Flaubert. Tanto,
que “Madame Bovary” es su libro de cabecera. Lo lee tanto que termina
sufriendo el “síndrome de madame Bovary”, un mal que produce en la mujer un
estado de insatisfacción en el campo afectivo. Ella sufre celos patológicos.
Werner Vogel termina perdiéndole el amor y le es infiel con Amada Angulo, una
hermosa mujer que llega a trabajar a su casa. Esto la lleva a enamorarse del
esposo de su hija. Pero ella no es consciente de lo que hace porque sufre
alzhéimer. Al final, Marina muere de tristeza.
Oscar Seidel crea en “Y volar, volar, volar”
ficciones tan bien logradas que quien lee el libro piensa que el escritor está
novelando sobre hechos reales. Las acciones se ven tan emotivas que alcanza el
efecto de una escena verdadera. Por ejemplo, cuando narra cómo Ulrich See se
enamora de La Mona Margot, una mujer despampanante que ejercía la prostitución
en el burdel Las Aliadas, en Bahía de la Cruz. Como era un hombre bien dotado,
alto, fornido, de ojos azules y pelo rubio, al entrar una noche al burdel las
mujeres se volvieron locas por él. Pero Ulrich solo tuvo ojos para La Mona Margot.
Desde ese día, no importándole que fuera una prostituta, se propuso hacerla su
esposa. Lo logró después de que ella, también enamorada de él, vendió el
prostíbulo que había heredado de su madre. Y la trajo a vivir a San Thiago,
donde se convirtió en una dama respetable.
Esta novela que tiene como telón de fondo la Segunda Guerra
Mundial está escrita en un estilo ágil, en una prosa limpia, sin arcaísmos,
construida con adjetivos precisos, donde fluye un lenguaje fresco que tiene
aliento poético. La capacidad para imaginar escenas creíbles hace de Oscar
Seidel un buen contador de historias. Esto se puede advertir en el final que
tienen Werner Vogel y Ulrich See. El primero muere, con su amante, en un
accidente aéreo. El segundo encuentra la muerte cuando, haciendo el papel de
hombre bala en un circo, la fuerza con que fue lanzado lo hizo perderse en el
aire. Mientras tanto, el nieto de Werner Vogel, Hans Peter, se vuela del
hospital geriátrico donde lo tienen encerrado, y La Mona Margot termina
viviendo con el dueño del circo. Un buen final para una buena novela.
Sobre el autor:
José Miguel Alzate, escritor y periodista, nació en Aranzazu
(Caldas) el 31 de octubre de 1954. Desde temprana edad, demostró sus
inquietudes literarias. A los 17 años, publicó su primer artículo en el diario
La Patria, de Manizales.
Algunos de sus libros más destacados incluyen:
“Javier Arias Ramírez, un poeta de Caldas”: Su primer libro,
publicado cuando tenía 35 años, es una obra dedicada al poeta Javier Arias
Ramírez.
“Conceptos Libres”: Recopilación de sus columnas
periodísticas y literarias publicadas en diferentes periódicos colombianos.
“Aranzazu, su historia y sus valores”: En este libro, Alzate
presenta la historia de su pueblo natal, Aranzazu, desde sus orígenes indígenas
hasta la actualidad.
“Sinfonía en Azul”: Ganador del Premio Departamental de
Literatura de Caldas en 2001, este libro contiene cuentos.
“El sabor de la nostalgia”: Una recopilación de artículos,
crónicas, conferencias y discursos sobre Aranzazu.
“San Rafael de los Vientos”: Una novela que narra la
historia de Aranzazu y una tragedia de amor.
“Cuando en sueños Amanecer conoció el bosque”: Novela
infantil.
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